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martes, 1 de julio de 2008

¿Calidad versus audiencia?

En estos días en que todos los medios andamos hablando de las mediciones del Estudio General de Medios (EGM), la pregunta del título adquiere renovado interés.

Se supone que la calidad es contraria a la búsqueda de grandes audiencias. Y detrás de esta suposición hay, como en una caja china, otras suposiciones que pretenden sustentarla.

En primer lugar está el viejo prejuicio expresado en el refrán ese que afirma que no se les debe dar ponqué a los marranos. Es decir, la calidad no se ha hecho para las grandes masas. Prejuicio que, en pleno siglo 21, no deberíamos siquiera considerar.

También hay, detrás de la suposición que contrapone calidad a grandes audiencias, la idea de que los medios llamados culturales no tienen por qué competir por números (oyentes para el caso de la radio) porque su labor se mide con otros parámetros. Pocas veces se explicitan estos parámetros, pero es claro que están referidos a modelos de radio como la BBC en sus primeras épocas, o la PBS (radios públicas de los Estados Unidos).

En el fondo de esta cadena de suposiciones encontramos prejuicios y anacronismos que debemos explicitar. Entre estos encontramos la idea de mediados del siglo pasado de contraponer cultura a cultura de masas. Esta distinción dio nacimiento a las políticas de programación de emisoras como la BBC, en las que por décadas no se escuchó nada diferente a música clásica, conferencistas académicos y radioteatro (obras clásicas de la literatura). Programación basada en llevar «alta cultura» a las clases medias. Se consideraba, y todavía algunos lo consideran, que los medios no pueden brindar entretenimiento y ser difusores de cultura, o lo que es lo mismo, que la cultura para merecer este nombre tiene que ser aburrida. Era el modelo europeo de programación que, con la llegada del rock y el pop, con las revueltas de mayo del 68 y con la competencia de la televisión, fue cediendo el paso al modelo norteamericano, basado en la música popular, los noticieros y las radionovelas.

Este modelo europeo es el que da origen a la idea de hacer radio para la inmensa minoría, mientras el modelo norteamericano conquistó las audiencias que permitieron que en América (de norte a sur) la radio pudiese enfrentar la competencia de la televisión y mantener cuotas de audiencia significativas, aún el día de hoy.

Ante la variedad y abundancia de grupos que consumen la también variada y abundante oferta mediática, el concepto de calidad no puede mirarse sin tener como referencia el grupo que la consume. Ya no se puede plantear un solo criterio de calidad, como en la primera mitad del siglo 20.

Los oyentes que nos escuchan evalúan la calidad de nuestra oferta radial en función de sus necesidades, de lo que ofrecemos para acompañarlos, de las posibilidades de obtener información útil para su vida cotidiana, de la variedad y riqueza de nuestros contenidos musicales e informativos.

La relación entre calidad y audiencia no se mide, hoy, por números absolutos, se mide en relación con los nichos que se construyen y es allí en donde el número tiene significación. Si pretende vender automóviles deportivos de altísimo costo, un nicho de 5 mil oyentes puede ser más que suficiente, en cambio si la meta es vender productos alimenticios populares, tendríamos que reconocer que 300 mil oyentes es apenas un grupo interesante.

O como dice Serrat en alguna canción: «No hay que confundir valor y precio».

martes, 6 de mayo de 2008

La información en los medios públicos

No estamos acostumbrados a que los medios públicos, sea radio o televisión, intervengan activamente en la formación de la opinión política de los colombianos.

Por razones históricas, que pueden rastrearse hasta el «bogotazo», nuestros medios públicos han sido abiertamente mudos o simples voceros pasivos de los puntos de vista institucionales. El ejercicio periodístico en los medios públicos no tiene una trayectoria que pueda ser mostrada como aporte significativo al ejercicio de los principios del periodismo. Habría que exceptuar en los últimos años algunos noticieros que se desarrollan en los canales regionales y el espacio de UN Análisis. Ni son muchos ni alcanzan a ser paradigmáticos.

Estos antecedentes tornan compleja la labor de desarrollar informativos en un medio como la Radio Nacional de Colombia. Claro que a nivel europeo existe el paradigma que por años ha sido mostrado en las cátedras como ejemplo de buen periodismo: los servicios informativos de la BBC de Londres. Desarrollados durante la Segunda Guerra Mundial, del siglo 20, estos servicios aprovechan de manera ejemplar el carácter realmente mixto que tiene desde el punto de vista organizacional la experiencia británica. Se suele olvidar que la «C» de la sigla corresponde a la palabra «Corporation», porque desde su constitución el Estado británico entregó a una corporación integrada en su momento por los fabricantes de equipos radiofónicos, la obligación de desarrollar un medio que, financiado por impuestos y programado por una élite intelectual, ejecutara la tarea monopólica de ofrecer acceso a la alta cultura y a la información.

Otra historia es la de los medios «públicos» norteamericanos, financiados y programados por los ciudadanos, sin injerencia ninguna del Estado. No hay que olvidar que la Voice Of America no es una emisora para consumo adentro de las fronteras, sino exclusivamente para emisión en el extranjero de los EEUU.

El modelo existe, pero como bien recordaba alguna vez el Maestro Darío Echandía, refiriéndose a alguna legislación: «olvidan que no vivimos en Dinamarca, sino en Cundinamarca». En otras palabras, en nuestra circunstancia nos toca desarrollar propuestas propias, adecuadas y aclimatadas a nuestras particularidades, aunque acreedoras de las experiencias de otras naciones.

La Radio Nacional de Colombia ha iniciado desde el año pasado el ejercicio de desarrollar una programación informativa que busca ofrecer contenidos que conjuguen búsqueda de temas complementarios de las agendas noticiosas comerciales, con un tratamiento que, sin perder en profundidad, sea al mismo tiempo entretenido y accesible a grandes grupos de población. Nuestra vocación de servicio a todo el territorio nos impone evitar un estilo que privilegie la información del centro del país.

En esta línea, momentos álgidos como los que vivimos por estos días nos exigen tener propuestas que busquen construir capacidad crítica de los oyentes al tiempo que enfatizamos en respetar la diversidad de opiniones y la inmensa necesidad de tener información que nos permita a todos ser mejores ciudadanos. Responsables con nuestras obligaciones y conocedores de nuestros derechos y deberes.

Nos interesa que nuestra información contribuya a aclimatar ambientes de convivencia, de respeto por la diversidad de opiniones. Nos interesa resaltar los logros de muchos ciudadanos que son ejemplo de fe en el futuro de nuestra nación. Nos interesa aportar a la divulgación del compromiso de muchos ciudadanos con la construcción de un país que busca todos los días dejar atrás el recurso de la violencia armada, que buscan aclimatar compromisos de reconciliación y que se comprometen con formas de ejercer la ciudadanía sin acudir al uso de las armas.
Una pregunta queda en el aire: ¿deben los medios públicos intervenir en la información y la formación de la opinión pública?

Una Radio Nacional para el siglo 21

Antes era la Radiodifusora, y era conocida por su programación de pasillos, bambucos, y claro, mucha música clásica… también podría decirse que se la conocía por ser un poco aburrida y con una programación como detenida en los años 50 del siglo pasado.

Es muy posible que si está leyendo este blog haya llegado a partir de la página web de la nueva Radio Nacional de Colombia. Y también es probable que su edad esté alrededor de los 45 años, pero son solo probabilidades.

En la entrega de los Premios Simón Bolívar, del año pasado, Julio Sánchez Cristo decía que «Es increíble que en Colombia haya una red de radio como la Radio Nacional de Colombia y esté archivada…», y de paso invitaba a esta radio a ser competitiva. Detrás de esas palabras hay muchas ideas implícitas. Y una evidencia: mucha gente se quedó con la vieja imagen de la Radio Nacional.

Es cierto que en casi todos los países europeos la radio pública es punto de referencia de calidad, variedad e innovación en lenguajes y propuestas radiales. Otra cosa es la radio pública norteamericana que no es sostenida por el Estado sino por las comunidades para las que emite su programación (similar a nuestra radio comunitaria).

Cuando el gobierno de Eduardo Santos creó la Radio Nacional de Colombia, en 1940, hacía parte de un proyecto cultural y educativo de amplio alcance, que trascendía el cuatrienio presidencial y tenía la mira de contribuir a las metas de los gobiernos liberales, junto con la Biblioteca Aldeana, la encuesta folclórica nacional, el fortalecimiento de la Biblioteca Nacional, entre otros proyectos. Pero pasaron los gobiernos liberales, llegaron los conservadores, les sucedió el gobierno militar de Rojas y apareció la televisión. Y el letargo del Frente Nacional. El papel innovador de la radio cedió el paso a las imágenes y, al igual que el proyecto alfabetizador de Sutatenza, también la radiodifusora entró en un letargo, arrullado por administraciones indolentes y por un sindicato carente de miras de largo plazo.

El siglo 21 impone retos a todos los medios y a los medios públicos les impone retos de mayor tamaño, pues no solo tienen que afrontar las consecuencias de la digitalización, la competencia global y la disgregación de las audiencias tradicionales, sino que tienen que reinventarse en su razón de ser, tienen que encontrar nuevas formas de ser nacionales y públicos sin dejar de lado la obligación de ser competitivos en la búsqueda de audiencias amplias, en el reto de cumplir con una misión y una visión que los diferencia de los medios comerciales y tienen que demostrar capacidad de aprovechar los recursos que tienen (económicos, de gestión, de conocimiento, entre otros). Muchos retos pero todos posibles de ser enfrentados y de ser resueltos. Esa es la nueva Radio Nacional y ese es el espíritu de Radio Televisión Nacional de Colombia.